En menos de 30 años, China se ha convertido en la segunda economía más grande del mundo, sacando a millones de personas de la pobreza. ¿Pero a qué precio? El uso masivo de los recursos naturales, la degradación de la calidad de los elementos (agua, aire, suelo) y el consumo frenético de todas las formas de energía. ¿Con qué propósito? Impulsando la sobreproducción impulsada por las necesidades de la economía global. En respuesta a esta crisis ecológica sin precedentes (especialmente en las grandes ciudades), la administración ambiental se ha convertido en una prioridad nacional. Esta fuerza motriz para el desarrollo también es una oportunidad para que el país se afirme como un líder en la transición energética en la escena internacional. IFA Paris, que ha estado presente en Shanghái durante más de 15 años, está Trabajador de una fábrica de jeans con mascarilla anti-poluciónsiendo testigo de un cambio que está en marcha, especialmente en el mundo de la moda.

El acuerdo climático de París generó una doble sorpresa: la de la retirada de los Estados Unidos de toda la normativa ambiental y, sobre todo, la del compromiso de China por trabajar hacia una economía más verde.

Entendemos mejor las razones tras ello si analizamos ciertas estadísticas: 13 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo están en China y las partículas finas matan a más de 1,5 millones de personas al año, mientras que solamente la industria textil produce  70.000 toneladas de desechos al día. En otras palabras, detener el fenómeno es un inmenso reto para el mayor contaminador del planeta.

Las reformas emprendidas en los últimos años se han enfrentado a una ecología de dos velocidades: por un lado, los actores de la industria de la moda que luchan por cambiar sus (malos) hábitos y, por otro lado, un segmento acomodado de la población que se consciencia gradualmente sobre los problemas de salud y ambientales. Mientras que los primeros no han sido suficientemente sensibilizados y educados en la cultura de la sostenibilidad, los últimos están tomando conciencia sobre la urgencia de cambiar su forma de consumir. Mientras que la clase media china ha visto aumentar su poder adquisitivo y su deseo de consumir más cualitativa que cuantitativamente, las otras clases siguen viviendo en la precariedad. Por lo tanto, pensar en preservar el planeta es algo de menor importancia para estas poblaciones desfavorecidas, que están más preocupadas por su supervivencia que por su contribución a esta noble causa.

Aguas contaminadas por las fábricas de jeans en Xintang, ChinaComo la mayoría de clientes de exportaciones textiles chinas, los principales grupos occidentales (H&M a la cabeza), se dedican a la comercialización de ropa más ética, con una ofensiva verde que es ciertamente menos agresiva que en los países occidentales (debido a las adaptaciones culturales), pero mucho más a la vanguardia. El Grupo Kering (Gucci, Saint Laurent, etc.) está ayudando a reformar el sistema otorgando un Premio a la Innovación Sostenible a las nuevas empresas chinas de élite. Estimulada por algunas ONG ambientales ("Redress”), la moda sostenible está ganando terreno lentamente. Todas estas operaciones han tenido éxito y la Semana de la Moda de Shanghái (SFW, por sus siglas en inglés) se está posicionando como un medio para promocionar etiquetas ecológicas, otorgando premios a diseñadores de moda independientes.

IFA Paris, por su parte, contribuye a esta tendencia mediante la incorporación de módulos sobre moda sostenible en sus programas y el desarrollo de específicos cursos cortos de formación como "Moda Upcycling", que permiten que esta nueva generación de diseñadores de moda adquiera una conciencia ecológica que debería, en un futuro cercano, tener impacto en la cadena de valor de la industria textil.

IFA Paris, que está decididamente comprometida con una moda más sostenible, participará una vez más en el movimiento de Revolución en la Moda: https://www.fashionrevolution.org

¿Tú también quieres involucrarte? Únete a nuestro Curso Corto en Moda Upcycling